Salud mental

Este verano he desconectado bastante, del trabajo, de las noticias, de internet y de las preocupaciones en general. La consecuencia ha sido un gratificante bienestar.

Todos necesitamos desconectar, las vacaciones son obligatorias para cualquiera que quiera tener un mínimo de calidad de vida. Me pregunto si seré capaz de desconectar más en el día a día, no solo en vacaciones. Tengo la tendencia a preocuparme por mis insignificantes “problemas” pero más allá de los míos, si veo una final de fútbol sufro como si me fuera algo en ello, si veo un debate en televisión lo vivo como algo personal, si leo en Internet algo que me interesa sigo investigando y a veces se convierte en una búsqueda obsesiva que me obliga a acostarme tarde. Subyace aquí un problema de fondo, la implicación emocional e intelectual con demasiados frentes y la lógica consecuencia: agotamiento.

Así pues, me he diseñado una terapia de salud mental a la que he bautizado como: “Terapia del apagado” con ella pretendo preocuparme menos por mis insignificantes “problemas”, voy a encender menos la televisión, voy a investigar menos por Internet, voy a meditar más y a disfrutar más de momentos sencillos. Así espero no complicarme, tener más vitalidad y conseguir muchos momentos vibrantes.

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