Resistencia al cambio

El otro día en una charla sobre economía solidaría se hacía referencia a que los cambios sociales de fondo son lentos, aunque queramos acelerarlos simplemente no es posible, necesitan su tiempo.

Eso me hizo pensar en que efectivamente hay muchas cosas que necesitan su tiempo, por ejemplo pasar de la infancia a la madurez, no se puede forzar el ritmo natural del desarrollo del cuerpo, tampoco podemos hacer que los días pasen más rápido, que el invierno dure menos que el verano, ni podemos pretender que alguien cambie de idea de un día para otro si tiene una opinión muy bien formada sobre algo.

Y sin embargo nos esforzamos por intentar que todo ocurra según el dictado de nuestros intereses, intentamos que nuestros deseos se hagan realidad sin preguntarnos si hay otras fuerzas que impiden que eso sea posible, en demasiadas ocasiones nos enzarzamos en una lucha perdida por conseguir que la realidad sea distinta a como realmente es y, sintiéndolo mucho, no tenemos tanto poder.

La perspectiva vital cambia y se hace más disfrutable si abordamos la vida como algo que tiene sus propias inercias y nos situamos en una posición de aceptación de las mismas. Podemos trabajar alegre y sosegadamente por cambiar la trayectoria de determinados acontecimientos pero no deberíamos insistir en que las cosas sean el resultado de nuestros deseos, provoca sufrimiento innecesario.

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