Por desconocimiento

Ayer en el grupo de budismo secular de Barcelona hablamos por Skype con Martine Batchelor y explicó una anécdota que me inspiró:

Resulta que vive con su anciana madre a la que cuida, nos explicó que su madre tiene problemas de memoria, así que aunque Martine le ha explicado cientos de veces algo tan sencillo como es manejar el volumen del televisor ella repetidamente vuelve a preguntarle sobre cómo controlar el volumen.

Esta situación suele generar una sensación inicial de enfado en Martine, ya que después de explicarlo cientos de veces es molesto tener que repetirlo una y otra vez, pero finalmente Martine reflexiona “¿Tiene sentido enfadarse por este motivo con una persona que tiene problemas de memoria?”.

¡Claro que no! Con demasiada frecuencia nos molestan cosas solo porqué no prestamos atención a las condiciones que las provocan. Lo que ocurre habitualmente es que desconocemos las condiciones que provocan una situación. Por ejemplo si alguien nos insulta nos sentimos molestos y atacados, pero pocas veces pensamos en las condiciones que la han llevado a insultarnos: a lo mejor no ha dormido bien, quizás no ha aprendido a gestionar bien sus emociones, puede que tuviese una infancia complicada, puede que ese insulto para esa persona no sea tan grave como para nosotros, quizás tiene un ambiente familiar en el que el insulto es la manera habitual de comunicarse,… Pero en lugar de pensar en todas estas posibilidades nos enfadamos y respondemos con más insultos.

Por lo tanto, y ampliando la frase de Martine, yo me pregunto: “¿Tiene sentido enfadarse por algo cuando normalmente desconocemos las condiciones que lo producen?” Puede que un leve enfado sea sano, incluso necesario, pero no merece la pena insistir en él.

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