Videollamadas

Cuando en Dezain empezamos a organizarnos para trabajar a distancia sabíamos que las videollamadas podían ser el elemento básico de comunicación que nos permitiese ‘estar conectados’ de verdad.

El problema de la comunicación mediante texto es que recibes la información sin la riqueza que aporta la entonación al hablar. El teléfono permite captar ya muchos más detalles de lo que el interlocutor intenta comunicar pero sigue faltándole todo aquello que aporta la comunicación gestual. Con las videollamadas la distancia desaparece por completo, lo único que no se puede hacer es pegar collejas, por lo demás es como estar en la oficina.

Como costumbre todos los días cuando mis compañeros de Barcelona ya han hecho el café y yo llevo aproximadamente dos horas trabajando, hacemos una videollamada y comentamos el estado de los proyectos. Cuando se normaliza la videollamada te olvidas de la distancia y la información que se capta aunque sea de manera inconsciente aporta un gran valor a la comunicación. La videollamada no es solo información, es comunicación casi en estado puro. No es lo mismo ver a alguien con ojeras y sin afeitar que recién duchado y cargado de energía, como no es lo mismo no se puede esperar ni exigir lo mismo.

Desde siempre hemos usado Messenger de MSN para mensajera instantánea, quizás no sea lo mejor ni lo más ‘cool’ que puede usar un Web developer que se precie minimamente pero si funciona… Con las videollamadas y una conexión decente el Messenger nos va perfecto así que de momento no vamos a cambiar.

El desaprendizaje

Creo que llega un momento en la vida en que es necesario desaprender muchas de las cosas que te han enseñado y que te han convertido en lo que eres. No es fácil intentar cambiar aquello que padres, profesores y, en general, la mayoría de personas que te rodean te han inculcado a fuerza de repetir lo que se debe y lo que no se debe hacer, lo que significa el éxito y el fracaso, lo que está bien y lo que está mal, etc.

La parte más compleja no se encuentra en el hecho de comprender que debes cambiar esa parte de ti con la que no estás de acuerdo si no en la ejecución del cambio. Intentar cambiar aquellos actos reflejos que forman parte de ti sin que tú hayas dado el consentimiento es la tarea más ardua.

Me encuentro en un lugar tranquilo, rodeado de paz y tranquilidad y, sin embargo, me descubro a menudo mirando el reloj, intranquilo por si llego tarde a algún lugar o preocupado por no defraudar a nadie. Un conjunto de actos reflejos que llevo integrados en mi personalidad pero que me gustaría no tener. Espero que, tarde o temprano, se den cuenta de que esta no es su casa y se marchen.

Soy tio!!

Hoy mi hermana ha dado a luz a Iker, su primer hijo, y me ha convertido en tio.

El milagro de la vida, se pone una semillita, pasan 9 meses y nace una personita, que tonteria más compleja.

Primeros pasos

Ya llevo seis días en mi nueva casa, la tranquilidad es la norma del día a día, estoy intentando adaptarme al nuevo ritmo, slow time. Intento dejar de ser impulsivo a la hora de trabajar y el resultado es mucho mejor, dos días me he sorprendido de mis resultados.

Por la mañana es cuando alcanzo mi máximo rendimiento laboral, me preparo una taza de té o de cualquier infusión que encuentre en el armario (Mònica es muy aficionada y tiene gran variedad de infusiones) y me siento delante del ordenador. Chequeo el correo, analytics por si hay alguna sorpresa, echo un vistazo al reader y después aparto el teclado, cojo una libreta y hago un pequeño esquema o guión de lo que voy a hacer. Después todo es mucho más sencillo que si trabajara sin meditar y sin escribir aquello que voy ha hacer.

Escribir en papel ayuda a no olvidar a escribir de forma tradicional, la conexión humano-información es mucho más intima, además es wireless y portable.

Por las tardes me asigno las tareas menos pesadas: testeo, analítica web, pruebas, análisis de futuros desarrollos,… Así transcurren unas horas tranquilas y muy valiosas.

Finalmente ya solo me queda hacer algo de ejercicio, ni que sea dar un paseo, hacer las tareas del hogar, cocinar o simplemente leer frente a las acogedoras llamas de la chimenea.