Los actores secundarios

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Esto de los selfies no es solo “una moda”, la compañía de la manzana lo sabe bien y dirige su mensaje (y su tecnología) a la generación del YO, una generación centrada en el éxito individual. Yo-mi-me-conmigo, mira lo feliz que soy, lo voy a compartir con todo el mundo para que puedan celebrar lo fantástica que es mi vida. Facebook ya hace tiempo que pierde fuelle, anunció hace poco que iban a priorizar las actualizaciones de los círculos cercanos (familia y amigos) y que no se pasarían tanto con la publicidad: Perdonarnos no queremos que os vayáis.

Nuestra cultura narcisista pone en el ojo del huracán al individuo, que no puede dejar de esforzarse buscando sin cesar un papel con el que conseguir el Oscar al mejor actor. Este esfuerzo genera mucho sufrimiento: no importa como te vistas, no importa las frases que te hayas aprendido de memoria, no importa los sitios del mundo que hayas visitado, ni las fotos sonrientes… Sigues sin encontrar tu propia voz, se te nota sobreactuado, estás vacía, te sientes vacía, sola y triste.

Hay otra forma, creo yo, de entender el lugar de uno en el mundo. Se trata de miralo desde una colina y reflexionar sobre él, hay muchos mares y muchas son las corrientes de agua distintas que acaban definiendo el conjunto, no soy el centro del universo. Ufff, que peso se saca uno de encima, no soy el centro del universo, el universo ni siquiera me necesita. Las madres de nuestra humanidad llevan muchas generaciones trabajando en silencio, desde otro plano, no son las actrices principales, su papel es hacer posible que otras generaciones puedan vivir. El actor secundario habilita que el actor principal exista y en este sentido el actor secundario es fundamental.

Descargarse el egocentrismo de la espalda lo libera a uno. Permite respirar y escuchar el sonido de la vida. Uno puede apreciar el regalo y saber que no está solo, muchos otros fueron y muchos otros serán, así pues podemos plantearnos nuestro papel como el de uno más. Quizás viaje, quizás no siempre sonría, quizás diré frases poco inspiradas, quizás me vista sin estilo. Miraré dentro y también fuera de mi, sin prisa, con el sosiego de no tener que competir con nadie, y sembraré el terreno de mi vida con las semillas que considere adecuadas, sin olvidar que estas crecerán fuera de mi control.

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