Vendiendo felicidad

Los publicistas lo descubrieron hace tiempo. Si venden la idea de felicidad asociada a la de su marca, la audiencia de manera inconsciente también hará esa misma asociación.

Lo que ocurre es que nos venden una idea de felicidad muy concreta. Una felicidad que tiene que ver con juventud, novedad, vitalidad, sexo, música, … En definitiva, diversión constante que debes buscar, encontrar y consumir. ¿Y después qué?

Estrella Damm lleva ya unos cuantos veranos haciendo su anuncio para vendernos el verano feliz, intrépido, lleno de grandes momentos. Y si no lo conseguimos… siempre podemos bebernos unas cuantas cervezas para olvidar lo desgraciados que somos.

Fluir, dejarse llevar por el momento, bailar, compenetrarse con otras personas,… Es fantástico que ocurra, el problema es tener la expectativa de que ocurra, convertirlo en requisito para ser feliz.

Ser feliz requiere precisamente todo lo contrario: No tener ninguna expectativa

Animalitos mentirosos

Como me gusta creerme mis propias mentiras

¿Los humanos somos muy diferentes del resto de animales? Tanto como lo puede ser un pájaro de un león, cada especie es muy distinta a las demás, cada una tiene habilidades distintas para vivir. La nuestra, que nosotros consideramos “especial”, es la inteligencia, una inteligencia (de algunos tipos en concreto) que nos permite ser el mayor depredador del planeta sin tener fuertes músculos, que nos permite vivir muchos años y  que nos otorga un sin fin de ventajas.

Aún así sigue siendo una habilidad, nos gusta considerarla especial pero lo es tanto como todas las creaciones del universo. Además nos provoca mucho sufrimiento, nos gusta creernos todas las mentiras que nosotros mismos nos inventamos y vivimos en un mundo de ficción que se aleja de la realidad, en lugar de vivir soñamos la vida.

No nos creamos todas nuestras mentiras y no olvidemos que no dejamos de ser unos animalitos muy simpáticos.