Indignarse no es suficiente

Tengo una creencia muy sencilla: No puedes controlar todo lo que te pasa, solo puedes controlar aquello que haces tú con tu tiempo.

Quejarse es necesario para la comunicación entre humanos, sirve para transmitir inconformidad. Estos días está habiendo una queja resumida por un hashtag #democraciarealya y está siendo fantástico, estamos usando Internet para democratizar el mundo, es una utopía que siento que tarde o temprano será una realidad.

En la actualidad vivimos en un mundo sin rumbo, no nos preocupamos por progresar como humanidad sino que prevalece la inconsciencia, saqueamos este planeta en busca de poder porque sabemos que si no somos poderosos otros vendrán y nos podrán dictar como debemos vivir y así vivimos, con miedo, en guerra los unos contra los otros, en guerra con otros pueblos, en guerra con el planeta y sobretodo en guerra con nuestras propias conciencias.

Sí, hay que quejarse, pero después hay que ponerse a trabajar. Si no te gusta este sistema deja de trabajar para él y ponte a trabajar para construir un mundo mejor.

Bancos de tiempo

Desde que tengo uso de razón he sido educado para “buscarme la vida”, lo que viene a traducirse como “ingeniárselas para conseguir el dinero”. No es de extrañar que el dinero sea una de las principales preocupaciones de las personas, motivo de disputas y de diferencias. He crecido en un mundo donde el hecho de conseguir dinero es condición necesaria para ser considerado miembro de la sociedad. No quiero dar a entender algo que no soy, no soy un anti sistema, este sistema ha contribuido a construir un mundo inimaginable por nuestros antepasados, hemos prosperado de una manera espectacular gracias a él y eso es innegable. Sin embargo, sin darnos cuenta, hemos dejado que el dinero se convierta en nuestra religión, aceptamos sus normas sin discutir y poner en duda sus dogmas significa condenarse a la exclusión social.

Precisamente un gran cambio en mi vida surgió cuando dudé, me di cuenta de que este sistema desproveía a la humanidad de sensatez puesto que era un sistema de ganadores y de perdedores, yo podría ser un ganador solo a costa de que otros perdieran y eso me disgustaba profundamente. Así que pensé en buscar una solución a este problema y di con ella, una solución que podría resumirse básicamente en cambiar ese: “buscarse la vida” por un: “busca que puedes aportar tú a la vida”, o dicho de otra manera más empresarial: en lugar de preocuparnos por “buscar un nicho de mercado” deberíamos preocuparnos por solucionar los problemas de las personas y los retos a los que se enfrenta la humanidad. Me gustaría saber cómo sería el mundo si las personas aportaran aquello que quisieran aportar. Qué ocurriría si la principal preocupación de las personas fueran las otras personas y el cuidado del mundo donde viven. Responder a estas cuestiones es un imperativo para mí. A eso me dedico mediante el proyecto de los bancos de tiempo.

Los bancos de tiempo son agrupaciones de personas que intercambian servicios, un pequeño club que utiliza una moneda peculiar, su valor es el tiempo que se ha dedicado en ayudar a otra persona. Un profesor de inglés puede impartir una clase de una hora y el alumno le pagará con un cheque de una hora, luego este mismo profesor de inglés es posible que necesite una sesión de masaje de 30 minutos que pagará a un masajista del banco de tiempo con un cheque de media hora.

No hace falta ser economista para entender esta moneda, su valor es el tiempo dedicado en cubrir necesidades de los demás y su grandeza es que no importa qué necesidad estemos cubriendo porque todos los servicios realizados a la comunidad tienen la misma importancia. La moneda-tiempo elimina las desigualdades. Conseguir ganar tiempo de los demás es tan fácil como invertir tu tiempo en los demás.

El proyecto de los bancos de tiempo ha pasado de ser una idea que simplemente me gustaba a posicionarse como mi prioridad vital, el éxito del mismo no depende de mí ni de ninguna otra persona en particular sino de todas las personas que lo integran, solo ellas tienen la capacidad de demostrar que es posible vivir de una manera más honesta y mi misión es tratar de generar las condiciones ideales para hacerlo posible.

La prueba del nueve

Últimamente me estoy viendo obligado a explicar innumerables veces por qué trabajo en lo que trabajo si no obtengo ningún sueldo a final de mes. De hecho hay personas que me recriminan que use el término “trabajar”, acaso debería buscar otra palabra para definirlo.

Hago lo que libremente he decidido hacer con mi tiempo, que es lo que la mayoría de las personas debería hacer. Sobrellevando las condiciones en las que me ha tocado vivir debo ser capaz de hacer aquello que libremente decida hacer.

Hoy volvía de mi “trabajo” a casa y he visto que una empleada de BCNeta limpiaba no sin esfuerzo un dibujo de la pared, era un dibujo de un buda gordito que fumaba y en el humo podía leerse: “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” he dudado unos instantes sospesando la posibilidad de comunicarle a la empleada pública que el dibujo de la pared más que hacer mal podría hacer algún bien a alguien, pero finalmente he llegado a la conclusión de que alguien le habría pedido que lo limpiara, la decisión de limpiarlo o conservarlo no recaía sobre la encargada de la limpieza de paredes.

Esta anécdota me ha recordado que demasiado a menudo las personas parecen estar desposeídas de su capacidad para decidir. Se pueden poner muchas escusas para no hacer lo que se quiere hacer, pero ninguna escusa va a cambiar la situación.

Basta con responder a una simple pregunta: imagínate que tuvieses asegurado un buen sueldo de por vida independientemente de lo que hagas ¿Qué harías con tu tiempo si no tuvieses problemas de dinero? Lo que respondas a esa pregunta es lo que deberías estar haciendo en la actualidad. Si la respuesta coincide con tu trabajo actual felicidades eres un afortunado, si no coincide cuidado, algo no cuadra.

Cómo conseguir hacer lo que se quiere hacer es solo un problema al que cada cual debe encontrarle una solución. Algunas personas me dicen que yo hago lo que hago porqué puedo, y es cierto pero mi respuesta es: tú también puedes, animo!

Pirates de Catalunya

Hace 10 años que tengo derecho a voto, en las primeras ocasiones en que pude ejercer este derecho lo hice decantándome por el líder que me caía mejor, la persona que mejor me transmitiese su entrega y su compromiso social tenía mi confianza, pero con la misma facilidad que la confianza se puede dar también se puede perder y en poco tiempo pasé a votar en blanco de manera invariable.

Hace una semana me enteré de que un nuevo partido se había constituido en Catalunya, els Pirates de Catalunya, me interesé y descubrí que su ideario se limita a un conjunto de valores universales y a unos cuantos relacionados con las tecnologías de la información que por el origen de este partido son comprensibles, pero lo que de verdad me llamó la atención fue el concepto de democracia directa, significa que los representantes de este partido no votarán lo que ellos crean que deban votar sino lo que el pueblo elija mediante votación electrónica, este hecho me hizo pensar en que la política actual nos defrauda porque los partidos votan en bloque en función de órdenes que no atienden tanto a su ideología como a enmarañados círculos de poder.

He visitado a los Pirates, quería conocerlos personalmente y he encontrado a una gente normal y corriente, sin afán de protagonismo, aparentemente con pocos medios pero con un ordenador portátil conectado a Internet y todo el potencial que les otorgan sus conocimientos en tecnologías de la información. Voy a dar de nuevo mi confianza a un partido político, esta vez a un partido que pretende cambiar la política para encaminarnos hacia una sociedad más democrática y justa.

Joyas de la contra

Os copio la entrevisa de ayer en la vanguardia a Daniel Pink

“Si pagaran por dar sangre, habría menos donantes”

Tengo 46 años. Vivo en Washington. Casado y con tres hijos. Soy un abogado que jamás ha ejercido. Durante tres años he redactado los discursos del vicepresidente Al Gore. La fuente de todos los problemas es la desigualdad económica. Soy agnóstico, algo impopular en EE.UU.

¿Qué anhelamos los humanos? La libertad de dirigir nuestra vida, dominar la disciplina por la que tenemos vocación y ser capaces de lograr objetivos que lleguen más allá de nosotros mismos.

¿Autonomía, maestría y fines?

Sí, esos son los tres nuevos pilares de la motivación laboral. La mitad de las horas que pasamos despiertos transcurren en el trabajo; entender nuestro comportamiento en el trabajo es entender a los humanos.

Bien, ¿qué ha entendido?

Que el palo y la zanahoria es un método anticuado e ineficaz. Hay estudios empíricos que demuestran que si los estados pagaran por las donaciones de sangre, habría menos donantes.

Que no nos roben el placer del altruismo.

En los años cincuenta, Harry Harlow llevó a cabo unos experimentos con monos que deberían haber cambiado el mundo. Colocó en sus jaulas un rompecabezas mecánico. Enseguida los monos se pusieron a jugar con los mecanismos con concentración, determinación y lo que parecía deleite.

Y lo resolvieron, claro.

Al cabo de un día lo hacían con destreza, y nadie les había enseñado ni les había recompensado, sin incentivos ni castigos, lo que se contradecía con las leyes de comportamiento aceptadas sobre los primates, incluidos los humanos. Lo llamó motivación intrínseca.

El goce de la tarea era la recompensa.

Los monos habían resuelto el enigma sencillamente porque disfrutaban haciéndolo. Fue tal la controversia, que Harlow abandonó las investigaciones y no se retomaron hasta treinta años después y con humanos.

Las empresas siguen insistiendo en los planes de incentivos a corto plazo y los esquemas de pago por resultados.

La evidencia dice que tales medidas, salvo en trabajos muy rutinarios, más que funcionar, perjudican. Que las acciones suban cada trimestre no es la motivación que hace que la gente vaya a trabajar cada mañana y que la empresa crezca. Y lo triste es que esta práctica tan equivocada del premio y el castigo está arraigada en las escuelas.

¿Qué modelo lo sustituye?

Tres cosas fundamentales: que el trabajador sea autónomo, es decir, dejarle hacer; que haya un progreso y un propósito. La empresa debe decirle al trabajador cuál es el propósito de lo que hace. Si hay un propósito, el trabajador lo hará con más ganas.

Póngame ejemplos.

El triunfo de Wikipedia, el modelo más potente del siglo XXI: gente de todo el mundo, que no se conoce, que hace un trabajo complejo y que además ofrece el fruto de su trabajo gratuitamente. Está claro que eso no suena como un modelo de negocio, sino como las creencias de un loco iluminado.

Cierto.

En realidad, Wikipedia ha violado las leyes de la economía, un modelo de negocio en el cual no hay dinero que cambia de manos, ¡y ha expulsado del mercado a Microsoft!

¿Está diciendo que el modelo de mercado del XXI es trabajadores happy?

Sí, en el sentido de estar contentos consigo mismos y con el trabajo que hacen. En el siglo XX el objetivo de los directivos era que los trabajadores obedecieran las reglas, y enel XXI lo que el directivo tiene que conseguir es que el trabajador se comprometa con la empresa y despliegue su creatividad.

Suena bonito, pero ¿hay mucha gente dispuesta a comprometerse?

Para que el trabajador se comprometa, lo primero es que esté bien pagado, que llegue perfectamente a final de mes y considere que lo que se le da es justo.

Buena medida.

Lo segundo que el jefe tiene que hacer es darle libertad para que organice sus horarios y decida el tiempo que debe pasar en la oficina. Y en tercer lugar, darle el feedback necesario para que vea que su progreso es reconocido y necesario en la empresa.

El empresario le diría: “Mientras el gato duerme, los ratones bailan”.

Probablemente, ese empresario cree que él se motiva por algo superior al palo y la zanahoria pero no sus empleados. La mayoría de los directivos hacen presunciones respecto a su equipo que nunca harían de sí mismos y operan con una teoría equivocada sobre la naturaleza de la conducta humana: creen que todos son vagos e ineptos excepto ellos.

… Cruel retrato.

Todo lo que le explico no son teorías espirituales o buenistas, es la ciencia la que dice que si tratas a los trabajadores con respeto la empresa irá mejor. Es algo mucho más complejo de lo que parece, y si nos fijamos en las empresas punteras eso es precisamente lo que están haciendo: tratar a la gente como seres humanos y no como burros.

No se crispe, señor Pink.

Los trabajadores de Google pueden emplear el 20% de su horario laboral a tareas no oficiales, a inventar y desarrollar proyectos que les interesen, y la gran mayoría de los productos que Google ha sacado al mercado ha nacido de esas pequeñas bolsas de autonomía: su Gmail o el servicio de noticias de Google (Google News), que aterroriza a los periódicos de Estados Unidos.

Mmmm…

Sé lo que está pensando: “Aquí la gente emplearía ese tiempo libre para fisgonear en Facebook”. ¡Pues no!, en realidad, eso es lo que hacemos si no tenemos libertad.