Flor en potencia

En tu interior hay un ser que intenta aflorar, es un ser de mirada brillante y sonrisa sincera y cuando se mueve lo hace al son de la brisa, los arboles parecen acompañarle como si hubiese descubierto un ritmo universal.

Sencillez, compleja sencillez, apareces en el momento presente, te respiro, te escucho, te veo, te siento, y luego, desapareces, me abandonas.

Quédate! Te necesito.

¿Por qué merece la pena vivir?

La vida es un regalo, nadie la eligió, nadie la compró y sin embargo todos la poseemos ahora, en este preciso instante, vivimos. Aunque nos empeñemos en afirmar que vivimos de esto o que vivimos de aquello, no es verdad, la vida no necesita algo de que vivir.

Por suerte cada vida tiene un final, si no existiera la muerte no tendríamos excusas para preocuparnos por nada. En mi opinión la muerte solo cobra sentido en el renacer de nueva vida, así pues yo me pregunto: ¿Si mi vida solo existe para que más vida pueda florecer, cual es mi misión en este mundo?

Como de costumbre no existe una respuesta. Lo único que puedo afirmar es que cuando realizas una misión concreta en este mundo en el fondo de tu ser sabes si tu vida contribuye a que más vida pueda florecer o no.

Indignarse no es suficiente

Tengo una creencia muy sencilla: No puedes controlar todo lo que te pasa, solo puedes controlar aquello que haces tú con tu tiempo.

Quejarse es necesario para la comunicación entre humanos, sirve para transmitir inconformidad. Estos días está habiendo una queja resumida por un hashtag #democraciarealya y está siendo fantástico, estamos usando Internet para democratizar el mundo, es una utopía que siento que tarde o temprano será una realidad.

En la actualidad vivimos en un mundo sin rumbo, no nos preocupamos por progresar como humanidad sino que prevalece la inconsciencia, saqueamos este planeta en busca de poder porque sabemos que si no somos poderosos otros vendrán y nos podrán dictar como debemos vivir y así vivimos, con miedo, en guerra los unos contra los otros, en guerra con otros pueblos, en guerra con el planeta y sobretodo en guerra con nuestras propias conciencias.

Sí, hay que quejarse, pero después hay que ponerse a trabajar. Si no te gusta este sistema deja de trabajar para él y ponte a trabajar para construir un mundo mejor.

Bancos de tiempo

Desde que tengo uso de razón he sido educado para “buscarme la vida”, lo que viene a traducirse como “ingeniárselas para conseguir el dinero”. No es de extrañar que el dinero sea una de las principales preocupaciones de las personas, motivo de disputas y de diferencias. He crecido en un mundo donde el hecho de conseguir dinero es condición necesaria para ser considerado miembro de la sociedad. No quiero dar a entender algo que no soy, no soy un anti sistema, este sistema ha contribuido a construir un mundo inimaginable por nuestros antepasados, hemos prosperado de una manera espectacular gracias a él y eso es innegable. Sin embargo, sin darnos cuenta, hemos dejado que el dinero se convierta en nuestra religión, aceptamos sus normas sin discutir y poner en duda sus dogmas significa condenarse a la exclusión social.

Precisamente un gran cambio en mi vida surgió cuando dudé, me di cuenta de que este sistema desproveía a la humanidad de sensatez puesto que era un sistema de ganadores y de perdedores, yo podría ser un ganador solo a costa de que otros perdieran y eso me disgustaba profundamente. Así que pensé en buscar una solución a este problema y di con ella, una solución que podría resumirse básicamente en cambiar ese: “buscarse la vida” por un: “busca que puedes aportar tú a la vida”, o dicho de otra manera más empresarial: en lugar de preocuparnos por “buscar un nicho de mercado” deberíamos preocuparnos por solucionar los problemas de las personas y los retos a los que se enfrenta la humanidad. Me gustaría saber cómo sería el mundo si las personas aportaran aquello que quisieran aportar. Qué ocurriría si la principal preocupación de las personas fueran las otras personas y el cuidado del mundo donde viven. Responder a estas cuestiones es un imperativo para mí. A eso me dedico mediante el proyecto de los bancos de tiempo.

Los bancos de tiempo son agrupaciones de personas que intercambian servicios, un pequeño club que utiliza una moneda peculiar, su valor es el tiempo que se ha dedicado en ayudar a otra persona. Un profesor de inglés puede impartir una clase de una hora y el alumno le pagará con un cheque de una hora, luego este mismo profesor de inglés es posible que necesite una sesión de masaje de 30 minutos que pagará a un masajista del banco de tiempo con un cheque de media hora.

No hace falta ser economista para entender esta moneda, su valor es el tiempo dedicado en cubrir necesidades de los demás y su grandeza es que no importa qué necesidad estemos cubriendo porque todos los servicios realizados a la comunidad tienen la misma importancia. La moneda-tiempo elimina las desigualdades. Conseguir ganar tiempo de los demás es tan fácil como invertir tu tiempo en los demás.

El proyecto de los bancos de tiempo ha pasado de ser una idea que simplemente me gustaba a posicionarse como mi prioridad vital, el éxito del mismo no depende de mí ni de ninguna otra persona en particular sino de todas las personas que lo integran, solo ellas tienen la capacidad de demostrar que es posible vivir de una manera más honesta y mi misión es tratar de generar las condiciones ideales para hacerlo posible.

La prueba del nueve

Últimamente me estoy viendo obligado a explicar innumerables veces por qué trabajo en lo que trabajo si no obtengo ningún sueldo a final de mes. De hecho hay personas que me recriminan que use el término “trabajar”, acaso debería buscar otra palabra para definirlo.

Hago lo que libremente he decidido hacer con mi tiempo, que es lo que la mayoría de las personas debería hacer. Sobrellevando las condiciones en las que me ha tocado vivir debo ser capaz de hacer aquello que libremente decida hacer.

Hoy volvía de mi “trabajo” a casa y he visto que una empleada de BCNeta limpiaba no sin esfuerzo un dibujo de la pared, era un dibujo de un buda gordito que fumaba y en el humo podía leerse: “El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional” he dudado unos instantes sospesando la posibilidad de comunicarle a la empleada pública que el dibujo de la pared más que hacer mal podría hacer algún bien a alguien, pero finalmente he llegado a la conclusión de que alguien le habría pedido que lo limpiara, la decisión de limpiarlo o conservarlo no recaía sobre la encargada de la limpieza de paredes.

Esta anécdota me ha recordado que demasiado a menudo las personas parecen estar desposeídas de su capacidad para decidir. Se pueden poner muchas escusas para no hacer lo que se quiere hacer, pero ninguna escusa va a cambiar la situación.

Basta con responder a una simple pregunta: imagínate que tuvieses asegurado un buen sueldo de por vida independientemente de lo que hagas ¿Qué harías con tu tiempo si no tuvieses problemas de dinero? Lo que respondas a esa pregunta es lo que deberías estar haciendo en la actualidad. Si la respuesta coincide con tu trabajo actual felicidades eres un afortunado, si no coincide cuidado, algo no cuadra.

Cómo conseguir hacer lo que se quiere hacer es solo un problema al que cada cual debe encontrarle una solución. Algunas personas me dicen que yo hago lo que hago porqué puedo, y es cierto pero mi respuesta es: tú también puedes, animo!