Respirando sin ti

Me resulta tan difícil entenderte… ¿Por qué vives al margen de lo que eres? ¿Acaso no has tenido tiempo de darte cuenta que la vida pasa y que no hay demasiadas oportunidades?

No puedo decidir por ti, tu vida es tuya, haz lo que creas que debes hacer. Pero te quiero… y quiero que estés a mi lado.

La vida no tiene normas.

La barrera de la libertad

Abrí los ojos despacio, la luz se colaba por la ventana y una sonrisa se apoderó de mí, una extraña sensación recorrió todo mi cuerpo, desde los dedos de los pies hasta los pelos de mi cabeza, electrizante… Encendí la radio y la música me hizo bailar, bailé y canté como nunca lo había hecho, era señal inequívoca, estaba emprendiendo el camino hacia el manicomio. El desayuno me sorprendió por sus esplendidas texturas y sabores, leche fría con café soluble, sentí como se deslizaba por la garganta y dejaba su sabor en mi paladar, comí también unas crujientes tostadas con aceite de oliva y una pizca de sal, maravilloso. Por algún motivo no podía pensar con claridad, todo ocurría como si me hubiesen puesto el piloto automático. En la ducha, mientras miles de gotas impactaban sobre mi piel cantaba ‘Let it be’, mi voz sonaba francamente bien y de repente se me ocurrió una idea descabellada, salí de la ducha corriendo y sin secarme crucé la puerta del baño desnudo, seguí corriendo y salí de casa, bajé las escaleras y llegué a la calle, me coloqué en medio del paso de cebra y mirando hacia el cielo extendí los brazos y grité ¡Siii! ¡Siii! Las lágrimas brotaban por mis mejillas, me sentía libre y gritaba: ¡Siii! ¡Siii! Y de repente el cielo comenzó a cambiar de color y abrí los ojos de nuevo en mi habitación.

¿Un sueño? Recordé los versos de Calderón de la Barca: “la vida es sueño y los sueños, sueños son”. He soñado que era yo en estado puro y ahora me despierto de nuevo y por algún motivo no soy capaz de ser el mismo, como ansío la libertad que solo la fantasía me permite saborear. Quizás algún día se haga realidad, al fin y al cabo todo es posible en un sueño.

No creas en lo que no te conviene

A menudo nuestras mentes se convierten en prisiones capaces de mermar nuestra libertad.

Cuando los pensamientos tienen forma de jaula es importante ignorar los barrotes, si crees en ellos te quedarás encerrado.

Miedos y fobias

El pulso y la respiración se aceleran, los músculos se ponen en tensión y el cuerpo comienza a transpirar, es la respuesta del cuerpo al miedo, todo ello acompañado de una incapacidad para pensar con claridad, los pensamientos son veloces y se centran en escapar de la causa del miedo, todos los recursos y habilidades del cuerpo se concentran en superar la situación.

El miedo es una respuesta natural del cuerpo, produce adrenalina y permite así que el cuerpo ponga todo lo que está a su disposición para sobrevivir. Si te caes a un rio con mucha corriente, los mecanismos del miedo harán que nades a la desesperada para alcanzar la orilla.

Las fobias se caracterizan por desarrollar miedos desproporcionados a situaciones concretas, lo que conduce a comportamientos extraños desde el punto de vista de alguien que ve la situación como neutra. Si por ejemplo estoy en una tormenta con alguien al que le dan pánico los truenos y los relámpagos pensaré que su miedo es irracional y que le impide pensar con claridad, puede parecer una tontería pero en caso de padecer una fobia grave esta persona quizás mirará la previsión meteorológica para evitar salir de casa los días en que hay la mínima probabilidad de tormenta y su vida se verá gravemente afectada por esta restricción.

Mi experiencia con el miedo irracional tiene que ver con la conducción de vehículos, lo que se denomina amaxofobia, durante la conducción hay situaciones en las que siento miedo y siento enormes ganas de dejar de conducir, momentos en que la ansiedad se hace tan intensa que siento que no puedo seguir, la conducción requiere que mis sentidos se centren en conducir y no ayuda que todo mi ser esté pensando en dejar de conducir. Las situaciones que me producen ansiedad suelen ser las vías rápidas sin arcén ya que percibo que en caso de necesidad no podría parar, o las vías rápidas con mucho tráfico ya que percibo que hay demasiadas variables y siento que no controlo la situación. Es curioso cómo la gente que sufre amaxofobia interpreta los peligros de forma diversa, cada uno se monta su propia película, hay quien tiene que ir por el carril del medio de la autopista porque así siente que tiene más espacio, hay quien odia entrar en los túneles, hay quien sufre cuando está en un atasco, hay quien evita entrar en autopistas, …

Hay mil y una fobias y para cada una de ellas hay muchas variantes. Mi experiencia con el miedo me dice que cuando es irracional y desproporcionado lo mejor es enfrentarse a él, poco a poco y con prudencia eso sí, pero nunca huir de él. Sé que se puede ser feliz sin conducir, además de que es un ahorro evidente, pero a veces es muy útil y sobretodo es una cuestión de principios, no puedo dejar que el miedo gane la batalla.

Entendámonos

Todos necesitamos sentirnos queridos, valorados y comprendidos, sin embargo nos cuesta demasiado amar, valorar y comprender a los demás. Cuando se trata de dar somos tremendamente selectivos.

Deberíamos amar, valorar y tratar de comprender a la totalidad de las personas con las que nos encontramos.

Es un ejercicio sencillo que lo cambia todo.