Natural azucarado

Debería intentar ser más espontaneo, aunque intentándolo es imposible conseguirlo.

Espontaneidad, una palabra bonita, evoca en mi mente la visión de una joven sonriendo, una chica de pueblo de piel pálida y mejillas rosadas, enseñando esos brillantes dientes forjados a base de pura leche de cabra y con esos ojos resplandecientes que le dicen al mundo: “soy así de natural” como si de un anuncio de chocolate suizo se tratara. Es curioso que mi mente evoque una imagen de inocencia cuando pienso en espontaneidad, por defecto relaciono esos dos términos y si me paro a reflexionar es un nexo lógico porque precisamente lo que no permite a alguien ser espontaneo es toda la parafernalia aprendida que desnaturaliza su inocencia asociada a cada nuevo instante.

¿Cómo solucionar este problema? Soy demasiado previsible para mí mismo como para conseguirlo. La sorpresa es un factor que tiene un gran potencial en este aspecto, si te autosorprendes dejas una puerta abierta a la espontaneidad. Cuando todo indica que voy a decir no puedo decir sí, cuando todo indica que voy a girar hacia la derecha puedo girar a la izquierda, cuando tengo todo el día planificado puedo cambiarlo, puedo elegir y necesito demostrármelo. Si consigo dejar que cada momento decida libremente lo que quiere hacer conmigo quizás consiga ser espontaneo.

Comenta esta entrada.