Sentirse querido es una inyección de vitalidad. Quizás por eso todos deseamos sentirnos queridos, valorados y útiles.
Este sentimiento no puede perseguirse de una manera egoísta, no se puede esperar el cariño de los demás sin darlo y es por eso que una buena fórmula para ser feliz es tratar de hacer felices a los demás. Ir por la vida con una sonrisa en la cara y mostrar a los demás que sus vidas nos son valiosas es la mejor manera, creo yo, para conseguir ser feliz.
En la vida compartimos momentos con unos y con otros, a menudo nos preocupa que las cosas cambien, nos preocupa que las personas que nos valoraban ya no lo hagan y esa preocupación puede obstaculizar nuestra actitud frente a la vida. No debemos anclarnos a otras personas, pues cada una de ellas se encuentra en un estado distinto y debe recorrer su propio camino.
Cada nueva experiencia es un aprendizaje, cada nueva conexión es información que debemos utilizar para seguir viviendo.