El equilibrista

Me fascinan las culturas orientales como la japonesa en las que incluso los trabajos más sencillos y repetitivos se pueden llevar a cabo con una cierta maestría, incluso son tratados como un rito. Algo que se podría considerar como pesado o tedioso puede resultar ser casi una experiencia espiritual inigualable dependiendo de la actitud que se adquiera al respecto.

El otro día discutía con mis compañeros sobre el coste-beneficio de realizar una aplicación de una manera determinada. Discutíamos precisamente porque unos veíamos más coste que beneficio y otros todo lo contrario. Es un problema de difícil solución ya que tanto coste como beneficio se miden a partir de un conjunto de variables a menudo indeterminado y difícil de definir. Puedes poner algo en práctica y no llegar nunca a tener claro si has conseguido que la balanza se decante más hacía el beneficio.

Trabajar, ya sea programando o limpiando los platos después de comer, no es obligatorio y no tiene por que ser positivo para la vida de una persona, no obstante, si se decide hacerlo, una actitud positiva al respecto ayuda a decantar la balanza hacia el beneficio. Lavando los platos, por ejemplo, puedes disfrutar chapoteando en agua caliente y adentrarte en un mundo de sensaciones tan complejo como seas capaz de percibir.

Esta balanza beneficio-coste, es una balanza distinta para cada aspecto a medir y entre ellas se relacionan jerárquicamente unas con otras, algo que yo llamaría granularidad en la evaluación del coste-beneficio pero que seguro que un psicólogo o un taxista lo llamarían de formas distintas. En la parte más alta de todas estas balanzas en mi opinión debe existir una balanza en equilibrio, todo al fin provoca un efecto neutro. Creo que aunque Newton o Einstein no hubiesen nacido eso tiene o tendrá un efecto neutro al fin y al cabo.

Un comentario.

  1. Así pues, espero que sigas fregando los platos con la misma positividad… y, ya verás como notarás el efecto neutrex… o neutro. :P

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