Equilibrium

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste con tanto poder que sencillamente no había ninguna preocupación en tu cabeza? Esos momentos en que tu propia energía es tan desbordante que solo puedes disfrutar del presente.

Se trata de un punto de desequilibrio. Mágico, deseable y siempre finito.

Esos momentos cumbre parecen suceder de manera cíclica, pero… ¿se pueden atraer? Creo que lo mejor es una cierta moderación, una vida equilibrada parece ser el camino para fomentar esos momentos de máximo esplendor, si intentas forzarlos se te escaparán de las manos y someterse a una disciplina férrea tampoco ayuda en absoluto. La clave, creo yo, está en vivir sin dudar y sin sentar precedente, porqué un precedente genera una rutina que va tejiendo unos preciosos barrotes.

No te autoimpongas límites, pero tampoco creas que puedes vivir en un estado constante de embriaguez. Encuentra tu propio equilibrio.

Observa, nútrete, relájate y disfruta hasta que aparezca tu gran nuevo momento de esplendor.

Sal y ¡disfruta!

Mi cuerpo se balanceaba sobre la rígida silla, mis manos transpiraban y mi mente no podía dejar de recordarme lo transcendental del momento. En el aula muchos otros esperaban su turno, un interprete tocaba una melodía de Bach, compleja en forma y de matemática ejecución, en el jurado tres catedráticos escuchaban atentamente y anotaban en sus cuadernos cada pequeña imprecisión, la cara del músico esgrimía una mueca de angustia, y yo esperaba mi turno como el condenado espera el momento de su dramático final.

Me lo había repetido a mi mismo una y otra vez: “sal y disfruta, sal y diviértete, siente la música y no te preocupes de nada más”. Subí al escenario y no fui capaz. Sonaron notas si, posiblemente hasta música, en realidad desconozco si los primeros acordes fueron bien recibidos por el jurado o no, pero mi tensión interna me obligó a parar, pedir perdón y abandonar la sala.

Sal y disfruta, es lo único que tienes que hacer. Sigue siendo mi gran asignatura pendiente.

Resistencia al cambio

El otro día en una charla sobre economía solidaría se hacía referencia a que los cambios sociales de fondo son lentos, aunque queramos acelerarlos simplemente no es posible, necesitan su tiempo.

Eso me hizo pensar en que efectivamente hay muchas cosas que necesitan su tiempo, por ejemplo pasar de la infancia a la madurez, no se puede forzar el ritmo natural del desarrollo del cuerpo, tampoco podemos hacer que los días pasen más rápido, que el invierno dure menos que el verano, ni podemos pretender que alguien cambie de idea de un día para otro si tiene una opinión muy bien formada sobre algo.

Y sin embargo nos esforzamos por intentar que todo ocurra según el dictado de nuestros intereses, intentamos que nuestros deseos se hagan realidad sin preguntarnos si hay otras fuerzas que impiden que eso sea posible, en demasiadas ocasiones nos enzarzamos en una lucha perdida por conseguir que la realidad sea distinta a como realmente es y, sintiéndolo mucho, no tenemos tanto poder.

La perspectiva vital cambia y se hace más disfrutable si abordamos la vida como algo que tiene sus propias inercias y nos situamos en una posición de aceptación de las mismas. Podemos trabajar alegre y sosegadamente por cambiar la trayectoria de determinados acontecimientos pero no deberíamos insistir en que las cosas sean el resultado de nuestros deseos, provoca sufrimiento innecesario.

No me gusta ser yo

La idea ha aparecido sin más, durante la meditación: no me gusta estar conmigo. Me cuesta disfrutar de mi mismo sin más. ¿Será que no me gusta ser yo?

En realidad disfruto de la soledad, siempre y cuando tenga algo por hacer: asistir a un espectáculo, ver una película, escribir, leer, incluso solamente pensar sobre algo. Pero estar sin hacer nada, disfrutar de mi única compañía en silencio, me cuesta. ¿A ti no te ocurre? ¿Será que nuestra mera compañía no es lo suficientemente interesante como para disfrutar de ella?

Siempre deseando un yo mejor para el futuro, gestando nuevos proyectos más ambiciosos que los anteriores, más sabiduría y más bienestar, todo para el mañana.

No creo que sea un error marcarse metas para el futuro, querer desarrollar nuevos hábitos y aptitudes da algo con lo que trabajar, pero creo que es muy necesario comprender lo que somos ahora, aceptarlo y disfrutarlo.