Sal y ¡disfruta!

Mi cuerpo se balanceaba sobre la rígida silla, mis manos transpiraban y mi mente no podía dejar de recordarme lo transcendental del momento. En el aula muchos otros esperaban su turno, un interprete tocaba una melodía de Bach, compleja en forma y de matemática ejecución, en el jurado tres catedráticos escuchaban atentamente y anotaban en sus cuadernos cada pequeña imprecisión, la cara del músico esgrimía una mueca de angustia, y yo esperaba mi turno como el condenado espera el momento de su dramático final.

Me lo había repetido a mi mismo una y otra vez: “sal y disfruta, sal y diviértete, siente la música y no te preocupes de nada más”. Subí al escenario y no fui capaz. Sonaron notas si, posiblemente hasta música, en realidad desconozco si los primeros acordes fueron bien recibidos por el jurado o no, pero mi tensión interna me obligó a parar, pedir perdón y abandonar la sala.

Sal y disfruta, es lo único que tienes que hacer. Sigue siendo mi gran asignatura pendiente.

Resistencia al cambio

El otro día en una charla sobre economía solidaría se hacía referencia a que los cambios sociales de fondo son lentos, aunque queramos acelerarlos simplemente no es posible, necesitan su tiempo.

Eso me hizo pensar en que efectivamente hay muchas cosas que necesitan su tiempo, por ejemplo pasar de la infancia a la madurez, no se puede forzar el ritmo natural del desarrollo del cuerpo, tampoco podemos hacer que los días pasen más rápido, que el invierno dure menos que el verano, ni podemos pretender que alguien cambie de idea de un día para otro si tiene una opinión muy bien formada sobre algo.

Y sin embargo nos esforzamos por intentar que todo ocurra según el dictado de nuestros intereses, intentamos que nuestros deseos se hagan realidad sin preguntarnos si hay otras fuerzas que impiden que eso sea posible, en demasiadas ocasiones nos enzarzamos en una lucha perdida por conseguir que la realidad sea distinta a como realmente es y, sintiéndolo mucho, no tenemos tanto poder.

La perspectiva vital cambia y se hace más disfrutable si abordamos la vida como algo que tiene sus propias inercias y nos situamos en una posición de aceptación de las mismas. Podemos trabajar alegre y sosegadamente por cambiar la trayectoria de determinados acontecimientos pero no deberíamos insistir en que las cosas sean el resultado de nuestros deseos, provoca sufrimiento innecesario.

Salud mental

Este verano he desconectado bastante, del trabajo, de las noticias, de internet y de las preocupaciones en general. La consecuencia ha sido un gratificante bienestar.

Todos necesitamos desconectar, las vacaciones son obligatorias para cualquiera que quiera tener un mínimo de calidad de vida. Me pregunto si seré capaz de desconectar más en el día a día, no solo en vacaciones. Tengo la tendencia a preocuparme por mis insignificantes “problemas” pero más allá de los míos, si veo una final de fútbol sufro como si me fuera algo en ello, si veo un debate en televisión lo vivo como algo personal, si leo en Internet algo que me interesa sigo investigando y a veces se convierte en una búsqueda obsesiva que me obliga a acostarme tarde. Subyace aquí un problema de fondo, la implicación emocional e intelectual con demasiados frentes y la lógica consecuencia: agotamiento.

Así pues, me he diseñado una terapia de salud mental a la que he bautizado como: “Terapia del apagado” con ella pretendo preocuparme menos por mis insignificantes “problemas”, voy a encender menos la televisión, voy a investigar menos por Internet, voy a meditar más y a disfrutar más de momentos sencillos. Así espero no complicarme, tener más vitalidad y conseguir muchos momentos vibrantes.

La perspectiva de un punto azul pálido

Una nueva perspectiva lo cambia todo. Cualquier problema se desvanece cuando reflexionamos desde la distancia.

Os dejo las palabras que escribió Carl Sagan después de ver esta imagen tomada por la Voyager 1 a 6.000 millones de kilómetros de la Tierra en 1990:

PaleBlueDot

Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Fíjate de nuevo en ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.

—Carl Sagan

Cómo meditar, poco y bien

¿Por qué meditar? Un amigo mio dice que si meditas para conseguir algo en concreto no estás meditando :) En mi caso sí medito por algo, para conseguir acercarme a mi objetivo vital: vibrar.

De vez en cuando acudo a un grupo de meditación en Barcelona y hace unas semanas nos visitó Stephen Batchelor con el que tuvimos ocasión de realizar una meditación en grupo. De sus palabras me quedé con una idea: lo importante en meditación no es la cantidad, sino la calidad y la constancia. Es decir, no importa si meditas horas y horas si no consigues concentrarte, es mejor meditar 15-30 minutos cada día concentrado y ser constante cada día.

¿Cómo meditar?

Según mi experiencia te puedo dar las siguientes pautas:

  • Busca un momento del día: Para que sepas que ese es tu momento y que la rutina te ayude a ponerte. Tengo que admitir que este consejo que estoy dando a mi me cuesta bastante de realizar…
  • Busca una posición cómoda: no intentes hacerlo en una posición en la que no estés cómodo porque estarás pensando todo el tiempo en el dolor de espalda, a no ser que quieras entrenarte para acabar meditando en una determinada posición, no creo que sea necesario. Para mi un sofá cómodo o una silla de oficina suelen ser perfectos para meditar sentado.
  • Cierra los ojos y concéntrate en algo: Es habitual centrarse en la respiración o en el estado del cuerpo, cualquier objeto es apto para meditar siempre que no conlleve razonamiento mental.
  • Simplemente céntrate en el objeto de la meditación: Aparecerán ideas que tu mente querrá perseguir, cuando te des cuenta de ello deja de seguirlas, sin brusquedad, simplemente vuelve al objeto de la mediación. Lo difícil suele ser darse cuenta de que estamos desarrollando estas ideas, lo hacemos de manera tan automática que no nos damos ni cuenta.
  • Utiliza un temporizador para no estar pendiente de la hora: Yo utilizo una aplicación móvil que se llama Zazen Meditation Timer pero hay muchas otras y puede servirnos cualquier cosa que nos avise (si puede ser de manera cariñosa). En mi aplicación tengo campanas que suenan muy bien: pongo tres campanas al inicio, una a los 7,5 minutos (mitad de la meditación) y tres más al final (duración total 15 minutos). La campana a media meditación me sirve por si me estoy dejando llevar por ideas y no me doy cuenta, gracias a la campana puedo recordar que estoy meditando.

Después de la meditación sé que me ha ido bien si respiro de manera sosegada y profunda y las ideas ya no interfieren a cada momento. Mi objetivo es mantener este estado la mayor cantidad de tiempo que me sea posible, sobretodo porque es un estado muy placentero.

¿Qué son 15 o 30 minutos al día? Cada día gastamos mucho más tiempo en cientos cosas y la meditación, aunque puede parecer inútil, es una actividad importante para la época que nos ha tocado vivir: nos ayuda a vivir en el momento presente, a desarrollar nuestra capacidad de concentración y a no ser meras marionetas de nuestras elucubraciones automáticas.