La sinfonía de la vida

En la sinfonía de nuestras vidas cada día es una nueva melodía, cada instante una nueva nota que interpretamos con cada acción.

Cuida cada nuevo día, cuida cada melodía eligiendo cuidadosamente cada nota e irremediablemente obtendrás la más bella sinfonía jamás escrita.

Más allá

Es simple, una determinación: amar a la vida, da acceso a la tan deseada plenitud.

Escapando de cualquier dogma o ley establecida la apertura a este amor universal tiene consecuencias perennes que van mucho más allá de la mera satisfacción. Todo se armoniza, todo sigue su curso y llena de sentido el devenir de los tiempos.

Mi cuerpo envejece, mis fuerzas son limitadas y mi mirada no alcanza a verlo todo. Mi amor por la vida, sin embargo, crece cada día más y este amor me rodea de más amor. Me permite unir mi fuerza a la fuerza de otros, mi visión a la de otros e incluso me permitirá sobrevivir a mi propio cuerpo.

Sentir

Las palabras, por muy poéticamente ordenadas que estén, no pueden llegar a plasmar la verdadera esencia de las cosas.

El lenguaje nos ha convertido en máquinas de procesar información, ordenadores que solo entienden de símbolos, incapaces de comprender su propia naturaleza. A los humanos se nos han entumecido los sentidos.

No somos máquinas, somos seres y estamos vivos.

Mi niño

¿Recuerdas quien eras cuando eras solo un niño? Yo recuerdo que corría de aquí para allá tomándome la vida como un juego. Odiaba ir al colegio y precisamente eso me hacía adorar las tardes en casa y en especial los fines de semana. Cuando no me obligaban a estudiar corría por el parque persiguiendo palomas, construía torres con fichas de dominó, me estiraba en la alfombra de la habitación y observaba durante minutos la lámpara que había en el techo… Hacía simplemente lo que me apetecía hacer y eso simplemente me hacía feliz.

Esta mañana hacía frío y mientras caminaba por la calle he decidido darme un capricho y he entrado en una cafetería a tomarme un café. Mientras lo tomaba, observaba a un pequeño que desayunaba con sus padres en una mesa cercana, de pronto el niño ha decidido que ya tenía suficiente y se ha levantado para corretear por el local. En un estante ha descubierto unas chocolatinas que le han llamado la atención y trepando, no sin dificultad, ha conseguido atrapar una. Sus padres al darse cuenta le han comunicado que eso no estaba bien, que dejara la chocolatina en su sitio, pero el pequeño individuo se negaba a hacer semejante estupidez, con lo que le había costado conseguir su tesoro. Finalmente su madre se ha levantado y le ha quitado la chocolatina de las manos, la cual cosa ha desencadenado un sentido berrinche con el cual me he solidarizado. El chico se había esforzado tanto por conseguir la chocolatina que sus padres deberían haberlo felicitado, pero en lugar de eso le han reñido.

Situaciones como estas conforman la personalidad emocional desde la niñez, cosas del pasado que, nos guste o no, afectan a nuestro presente. Todos tenemos la capacidad de cambiar lo aprendido pero para conseguirlo es necesario recordar la espontaneidad esencial que había en nosotros cuando éramos niños y ser capaces también de identificar los hechos que han ido enturbiando esa esencia.

De pequeño lloraba más que ahora, de pequeño corría más que ahora, de pequeño reía más que ahora, de pequeño me entregaba más a la vida y ahora lo echo de menos.

Momentos compartidos

Sentirse querido es una inyección de vitalidad. Quizás por eso todos deseamos sentirnos queridos, valorados y útiles.

Este sentimiento no puede perseguirse de una manera egoísta, no se puede esperar el cariño de los demás sin darlo y es por eso que una buena fórmula para ser feliz es tratar de hacer felices a los demás. Ir por la vida con una sonrisa en la cara y mostrar a los demás que sus vidas nos son valiosas es la mejor manera, creo yo, para conseguir ser feliz.

En la vida compartimos momentos con unos y con otros, a menudo nos preocupa que las cosas cambien, nos preocupa que las personas que nos valoraban ya no lo hagan y esa preocupación puede obstaculizar nuestra actitud frente a la vida. No debemos anclarnos a otras personas, pues cada una de ellas se encuentra en un estado distinto y debe recorrer su propio camino.

Cada nueva experiencia es un aprendizaje, cada nueva conexión es información que debemos utilizar para seguir viviendo.