Ser, hacer y tener

El otro día una buena amiga y coach me preguntaba:
— ¿Qué eres Sergi?
— Pues… soy una persona que intenta mejorar el mundo haciendo esto y aquello otro y lo de más allá…
— Eso no es lo que eres, eso es lo que haces

Me has pillado… ¿qué soy? no lo sé exactamente. Desde pequeño me enseñaron a producir (hacer) y a consumir (tener) pero en la escuela no invertíamos demasiado tiempo en aprender a SER. Si olvidamos cultivar nuestro ser estamos condenados a definir lo que somos únicamente a través de nuestras acciones o a través nuestras posesiones, con todo el sufrimiento que ello conlleva.

¿Cómo saber lo que uno es? Dejando espacio para que nuestro ser se exprese.

El modo de ser tiene como requisitos previos la independencia, la libertad y la presencia de la razón crítica. Su característica fundamental es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior, el uso productivo de nuestras facultades, el talento, y la riqueza de los dones que tienen todos los seres humanos. Esto significa renovarse, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, dar.

— Erich Fromm

Vienen al caso estas sabias palabras de Jose Luís Sampedro:

Con su magnifico final: Ser lo que uno es.

Anarquía relacional

Una relación con cualquier persona puede ser intensa, sean cuales sean los compromisos adquiridos con esa persona y sea cual sea la duración de dicha relación. No obstante solemos hacer una jerarquía relacional, de mayor a menor importancia, parecida a: hijos, familia bien avenida, pareja, buenos amigos, amigos, familia mal avenida, colegas y desconocidos.

¿Por qué ordenarlas en una escala de importancia, si a veces un encuentro fortuito con un desconocido puede generar cambios de relevancia en nuestras vidas equiparables a los que puede provocar cualquier persona con otro “rango relacional”? ¿No limita esta categorización las posibilidades de un vínculo particular?

Es por eso que soy partidario de la anarquía relacional, creo que para vivir intensamente las relaciones no nos es favorable pensar en que esas relaciones tienen límites por definición.

El conflicto cultural surge cuando tienes más relación con un amigo que con un familiar directo y pasas más tiempo con él que con, por ejemplo, tu madre a la que apenas visitas. O cuando planteas la posibilidad de tener varias relaciones “sexo-afectivas”, se te reprochará que no valoras suficiente a tu pareja, o que no la amas suficiente, pero… ¿a caso nadie se ha dado cuenta de que tenemos muchas dificultades asociadas a la obligación cultural de vivir años y años con la misma pareja sexual?

Por qué no evolucionar hacia relaciones más libres y abiertas, en el sentido de “con posibilidades no predefinidas” y disfrutar de cada una de ellas, transmitiendo con sinceridad a la otra persona a qué (y a qué no) nos comprometemos en cada momento evolutivo de la relación.

Seguramente la dificultad esté en lograr ser felices sin la necesidad egoísta del “yo soy el más importante para ti, ¿verdad? dímelo que necesito oírlo”.

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La perspectiva de un punto azul pálido

Una nueva perspectiva lo cambia todo. Cualquier problema se desvanece cuando reflexionamos desde la distancia.

Os dejo las palabras que escribió Carl Sagan después de ver esta imagen tomada por la Voyager 1 a 6.000 millones de kilómetros de la Tierra en 1990:

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Desde este lejano punto de vista, la Tierra puede no parecer muy interesante. Pero para nosotros es diferente. Fíjate de nuevo en ese punto. Eso es aquí. Eso es nuestra casa. Eso somos nosotros. Todas las personas que has amado, conocido, de las que alguna vez oíste hablar, todos los seres humanos que han existido, han vivido en él. La suma de todas nuestras alegrías y sufrimientos, miles de ideologías, doctrinas económicas y religiones seguras de sí mismas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de civilizaciones, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada niño esperanzado, cada inventor y explorador, cada profesor de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie ha vivido ahí —en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es un escenario muy pequeño en la vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades cometidas por los habitantes de una esquina de este píxel sobre los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina. Cuán frecuentes sus malentendidos, cuán ávidos están de matarse los unos a los otros, cómo de fervientes son sus odios. Nuestras posturas, nuestra importancia imaginaria, la ilusión de que ocupamos una posición privilegiada en el Universo… Todo eso es desafiado por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es un solitario grano en la gran y envolvente penumbra cósmica. En nuestra oscuridad —en toda esta vastedad—, no hay ni un indicio de que vaya a llegar ayuda desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, por el momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad, y formadora del carácter. Tal vez no hay mejor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido.

—Carl Sagan

Cómo meditar, poco y bien

¿Por qué meditar? Un amigo mio dice que si meditas para conseguir algo en concreto no estás meditando :) En mi caso sí medito por algo, para conseguir acercarme a mi objetivo vital: vibrar.

De vez en cuando acudo a un grupo de meditación en Barcelona y hace unas semanas nos visitó Stephen Batchelor con el que tuvimos ocasión de realizar una meditación en grupo. De sus palabras me quedé con una idea: lo importante en meditación no es la cantidad, sino la calidad y la constancia. Es decir, no importa si meditas horas y horas si no consigues concentrarte, es mejor meditar 15-30 minutos cada día concentrado y ser constante cada día.

¿Cómo meditar?

Según mi experiencia te puedo dar las siguientes pautas:

  • Busca un momento del día: Para que sepas que ese es tu momento y que la rutina te ayude a ponerte. Tengo que admitir que este consejo que estoy dando a mi me cuesta bastante de realizar…
  • Busca una posición cómoda: no intentes hacerlo en una posición en la que no estés cómodo porque estarás pensando todo el tiempo en el dolor de espalda, a no ser que quieras entrenarte para acabar meditando en una determinada posición, no creo que sea necesario. Para mi un sofá cómodo o una silla de oficina suelen ser perfectos para meditar sentado.
  • Cierra los ojos y concéntrate en algo: Es habitual centrarse en la respiración o en el estado del cuerpo, cualquier objeto es apto para meditar siempre que no conlleve razonamiento mental.
  • Simplemente céntrate en el objeto de la meditación: Aparecerán ideas que tu mente querrá perseguir, cuando te des cuenta de ello deja de seguirlas, sin brusquedad, simplemente vuelve al objeto de la mediación. Lo difícil suele ser darse cuenta de que estamos desarrollando estas ideas, lo hacemos de manera tan automática que no nos damos ni cuenta.
  • Utiliza un temporizador para no estar pendiente de la hora: Yo utilizo una aplicación móvil que se llama Zazen Meditation Timer pero hay muchas otras y puede servirnos cualquier cosa que nos avise (si puede ser de manera cariñosa). En mi aplicación tengo campanas que suenan muy bien: pongo tres campanas al inicio, una a los 7,5 minutos (mitad de la meditación) y tres más al final (duración total 15 minutos). La campana a media meditación me sirve por si me estoy dejando llevar por ideas y no me doy cuenta, gracias a la campana puedo recordar que estoy meditando.

Después de la meditación sé que me ha ido bien si respiro de manera sosegada y profunda y las ideas ya no interfieren a cada momento. Mi objetivo es mantener este estado la mayor cantidad de tiempo que me sea posible, sobretodo porque es un estado muy placentero.

¿Qué son 15 o 30 minutos al día? Cada día gastamos mucho más tiempo en cientos cosas y la meditación, aunque puede parecer inútil, es una actividad importante para la época que nos ha tocado vivir: nos ayuda a vivir en el momento presente, a desarrollar nuestra capacidad de concentración y a no ser meras marionetas de nuestras elucubraciones automáticas.