La hora del té

Hoy han pasado por casa dos mujeres muy amables repartiendo “propaganda bíblica”, juraría que ellas lo han llamado así cuando les he atendido al interfono. Han subido a mi piso y las he invitado a entrar, no han querido pasar y me han explicado que están repartiendo unas revistas, todavía no las he leído pero una se titula “¿es cierto que todos los buenos van al cielo?” y la otra “¿es necesario recurrir al divorcio?”, les he preguntado de que iglesia eran y me han dicho que eran testigos de Jehová.

Para pensar en el divorcio primero tendría que pensar en casarme, una idea que cada vez me resulta más descabellada, pero nunca se sabe. Sin embargo, saber si todos los buenos van al cielo podría interesarme, hacer meritos para entrar en el club del gozo celestial es tentador, un lugar donde no existe el sufrimiento, un lugar perfecto como recompensa a una vida dedicada a hacer el bien. Lástima que en este aspecto también tengo mis propias ideas, para mí el cielo o el infierno no son una preocupación y nunca lo serán, mi única preocupación es qué hago con mi vida aquí y ahora, qué decisiones tomo en cada momento porque para bien o para mal estas marcan mi destino.

No soy quien para juzgar a los demás y a menudo lo hago, bastante trabajo tengo conmigo, así que ahora me esfuerzo por no pensar más en por qué la gente es como es sino en preguntarme por qué yo soy como soy, la mejor manera de cambiar al mundo es cambiándome primero a mí, antes de exigirle al mundo que sea bueno conmigo debería yo ser bueno con el mundo. Cambiar a un personaje frio y poco expresivo como yo en alguien cariñoso costará sudor y lágrimas, por suerte hay personas a mi alrededor que saben que las quiero aunque me cueste demostrárselo explícitamente. Así que Oh! Lector que es probable que me conozcas, si la próxima vez que nos vemos te doy un abrazo no te extrañes y si no te lo doy recuérdame que te lo dé, a mi no me importará aunque seas un hombre fornido y homofóbico.

Las mujeres testigos de Jehová han dicho que volverán para ver que me han parecido los textos, así que los leeré y les daré mi más sincera opinión. Sin leer las revistas ya les puedo decir que no son las cosas que ahora mismo me preocupan, que si quieren saber las cosas que me preocupan que pasen a tomar un té porque tenemos para largo y además a mí también me interesa saber las cosas que ellas les preocupan.

Soledad

Soledad no significa necesariamente estar solo, es también una sensación que se experimenta cuando se está nadando contra corriente, cuando sientes que todas las personas de tu alrededor están pensando en A y tú estás pensando en Z.

Se acerca San Valentín y como cada año se nos bombardea con publicidad de cómo debemos celebrar tan señalado día. La industria de los regalos en días señalados mueve una cantidad ingente de dinero y la clave de su negocio es enfocar sus campañas en convencer a los consumidores de que no hacer un regalo en la fecha indicada representa un pecado imperdonable. Sobre este tema me considero un activista, lucho por intentar convencer a los que me rodean de que un regalo debe surgir y hacerlo en una fecha indicada pone en duda la motivación del regalo. Como es de esperar esta batallita personal me ha traído más de un problema y a menudo cedo porque por mucho que yo tenga el convencimiento de que llevo razón ver la cara de desolación de alguien que esperaba un regalo y no lo recibe me resulta demasiado duro.

A veces la soledad se experimenta en el seno de una relación de pareja y solo se puede cambiar si uno entiende que su pareja está pensando en A y a su vez el otro comprende que su pareja piensa en Z. Un regalo no va a ayudar en nada, así que por el día de San Valentín yo solo puedo aconsejar intentar entender que necesita tu pareja, si lo consigues no necesitas comprar nada solo debes ayudarla a conseguir aquello que persigue.

Antònia Font – Amazones A Sa Iluna