Momentos compartidos

Sentirse querido es una inyección de vitalidad. Quizás por eso todos deseamos sentirnos queridos, valorados y útiles.

Este sentimiento no puede perseguirse de una manera egoísta, no se puede esperar el cariño de los demás sin darlo y es por eso que una buena fórmula para ser feliz es tratar de hacer felices a los demás. Ir por la vida con una sonrisa en la cara y mostrar a los demás que sus vidas nos son valiosas es la mejor manera, creo yo, para conseguir ser feliz.

En la vida compartimos momentos con unos y con otros, a menudo nos preocupa que las cosas cambien, nos preocupa que las personas que nos valoraban ya no lo hagan y esa preocupación puede obstaculizar nuestra actitud frente a la vida. No debemos anclarnos a otras personas, pues cada una de ellas se encuentra en un estado distinto y debe recorrer su propio camino.

Cada nueva experiencia es un aprendizaje, cada nueva conexión es información que debemos utilizar para seguir viviendo.

Ballenas

Una noche como cualquier otra estaba tumbado en la cama intentado conciliar el sueño, di media vuelta y cerré los ojos. De repente me encontré bajo aguas oceánicas, rodeado de ballenas, fue una sensación de lo más agradable, la ingravidez, escuchar el sonido del océano, el maravilloso color del mar y las ballenas. No estaba soñando, era plenamente consciente, simplemente cerré los ojos y aparecí en aquel lugar. Pensé: “¡Vaya! estará ocurriendo esto ahora mismo en alguna parte del mundo”, ballenas nadando.

A menudo nos sentimos desconectados de otros seres y eso inevitablemente nos desconecta de la vida, pensar que ahora mismo estoy en frente de un ordenador pero que en el resto del mundo hay casi infinitas posibilidades, debe haber chimpancés durmiendo encima de un árbol, jirafas haciendo una cabezadita de cinco minutos, abejas en su panal o zorros en su madriguera, me recuerda que la vida es diversa e interdependiente.

Da que pensar. La naturaleza rebosa diversidad, en nuestro interior hay una diversidad descomunal y en nuestras mentes un mundo de posibilidades.

Amemos las cosas que valen la pena. La naturaleza es parte de nosotros.

La gran batalla

Luchar por las cosas que creo que merecen la pena hace fluir mi vitalidad.

Cada cual libra sus propios combates, ya sea por los propios intereses o por los de otros, por una utopía o por una realidad.

Y al fin la gran batalla, la que nos enfrenta a nosotros mismos, la victoria no es sencilla pero merece la pena luchar ya que nos conduce a nuestra esencia, la libertad.

Futuro incierto

Solemos vivir basándonos en una simple suposición: “el próximo instante no será sustancialmente diferente al actual”. Las excepciones a esta norma nos sorprenden y escriben nuestra historia.

Si me tocara la lotería… ¿haría algo distinto de lo que tenía previsto hacer? Si mañana mi país se declara en bancarrota… ¿cambiaría en algo mi vida? ¿Y si mañana me despierto sin poder ver? El futuro siempre es impredecible y, aunque todo es posible, hay cosas que se ven venir.

Una gran crisis nos conducirá a un importante dilema: usar o no usar la violencia para sobrevivir, muchos no se lo pensarán dos veces. Un gran caos se cernirá sobre la tierra y muchos sufrirán las terribles consecuencias, al fin un nuevo mundo podría surgir, una nueva humanidad con un nuevo foco: cuidar los unos de los otros. Lo que siempre debimos haber hecho.

Respirando sin ti

Me resulta tan difícil entenderte… ¿Por qué vives al margen de lo que eres? ¿Acaso no has tenido tiempo de darte cuenta que la vida pasa y que no hay demasiadas oportunidades?

No puedo decidir por ti, tu vida es tuya, haz lo que creas que debes hacer. Pero te quiero… y quiero que estés a mi lado.

La vida no tiene normas.