Arreglando el mundo

Te sientas tranquilamente con un amigo en la terraza de un bar y te pones a solucionar los problemas del mundo, y como no, surgen puntos de vista diferentes…

– Y si no estás de acuerdo con el decrecimiento entonces ¿qué propones?
– Vamos a ver, esto se solucionaría más rápido si redujésemos la población mundial y nos volviésemos todos unos hipsters.
– Olé tu, pedazo de argumento, todos a las cámaras de gas y en lugar de apretar el botón los nazis que lo aprieten los hipsters ¿no?

Bueno, es una opción, pero no propongo algo tan sangriento. Simplemente digo que parece que estamos intentando solucionar el problema abordándolo de manera equivocada, cuesta demasiado que los países se pongan de acuerdo en reducir sus emisiones de CO2 teniendo en cuenta que los países compiten entre sí con el crecimiento económico y para crecer se necesita energía, es como poner a negociar a dos tigres a ver cómo se reparten la presa de manera equitativa.

Además ¿quién te dice a ti que el CO2 es el gran problema del mundo? Otros muchos males nos acechan por el impacto que ejercemos como especie, nos hemos desarrollado demasiado en demasiado poco tiempo. No podemos pensar que ir introduciendo cambios en nuestra naturaleza cada vez con más velocidad no va a traeros ningún problemilla, de hecho la raíz del problema está en pensar que somos más listos que la naturaleza, los humanos tenemos eso, como somos supuéstamente los seres más inteligentes del planeta pensamos que podemos ser más inteligentes que la naturaleza que es el propio sistema que nos ha creado.

No podemos pensar que la comida procesada, las vacunas, la luz artificial, el transporte, o cualquier otra cosa que se nos haya ocurrido, solo va a tener beneficios. Nuestro cuerpo es un sistema tan complejo que probablemente nunca lleguemos a comprender cómo funciona del todo y sin embargo realizamos cambios bruscos tanto en su entorno, como en su alimentación o en su química. Pequeños cambios realizados durante miles de años provocan una adaptación pero los cambios bruscos son los que acaban con las especies, y nos seguimos preguntando por qué hay tantas enfermedades.

Lo reconozco, tengo que decir que no tengo la solución para arreglar el mundo, era solo por llevar la contraria… Solo digo que somos demasiada población en el planeta intentado vivir de una manera que desequilibra demasiado la naturaleza, si pudiésemos ir reduciendo la población para que todos podamos seguir teniendo ciertas comodidades y además tratásemos de relacionarnos con la naturaleza de otra manera, por ejemplo cultivando y comiendo comida orgánica como hacen los hipsters, quizás así, y solo quizás, tendríamos más posibilidades de sobrevivir, y no solo eso, de vivir con más plenitud.

Se trata solo de reconocer que la naturaleza es más sabia que nosotros. ¿Por qué nos costará tanto? Debería estar escrito en la declaración universal de los deberes humanos.

Equilibrium

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste con tanto poder que sencillamente no había ninguna preocupación en tu cabeza? Esos momentos en que tu propia energía es tan desbordante que solo puedes disfrutar del presente.

Se trata de un punto de desequilibrio. Mágico, deseable y siempre finito.

Esos momentos cumbre parecen suceder de manera cíclica, pero… ¿se pueden atraer? Creo que lo mejor es una cierta moderación, una vida equilibrada parece ser el camino para fomentar esos momentos de máximo esplendor, si intentas forzarlos se te escaparán de las manos y someterse a una disciplina férrea tampoco ayuda en absoluto. La clave, creo yo, está en vivir sin dudar y sin sentar precedente, porqué un precedente genera una rutina que va tejiendo unos preciosos barrotes.

No te autoimpongas límites, pero tampoco creas que puedes vivir en un estado constante de embriaguez. Encuentra tu propio equilibrio.

Observa, nútrete, relájate y disfruta hasta que aparezca tu gran nuevo momento de esplendor.

Ser, hacer y tener

El otro día una buena amiga y coach me preguntaba:
— ¿Qué eres Sergi?
— Pues… soy una persona que intenta mejorar el mundo haciendo esto y aquello otro y lo de más allá…
— Eso no es lo que eres, eso es lo que haces

Me has pillado… ¿qué soy? no lo sé exactamente. Desde pequeño me enseñaron a producir (hacer) y a consumir (tener) pero en la escuela no invertíamos demasiado tiempo en aprender a SER. Si olvidamos cultivar nuestro ser estamos condenados a definir lo que somos únicamente a través de nuestras acciones o a través nuestras posesiones, con todo el sufrimiento que ello conlleva.

¿Cómo saber lo que uno es? Dejando espacio para que nuestro ser se exprese.

El modo de ser tiene como requisitos previos la independencia, la libertad y la presencia de la razón crítica. Su característica fundamental es estar activo, y no en el sentido de una actividad exterior, de estar ocupado, sino de una actividad interior, el uso productivo de nuestras facultades, el talento, y la riqueza de los dones que tienen todos los seres humanos. Esto significa renovarse, crecer, fluir, amar, trascender la prisión del ego aislado, estar activamente interesado, dar.

— Erich Fromm

Vienen al caso estas sabias palabras de Jose Luís Sampedro:

Con su magnifico final: Ser lo que uno es.

Sal y ¡disfruta!

Mi cuerpo se balanceaba sobre la rígida silla, mis manos transpiraban y mi mente no podía dejar de recordarme lo transcendental del momento. En el aula muchos otros esperaban su turno, un interprete tocaba una melodía de Bach, compleja en forma y de matemática ejecución, en el jurado tres catedráticos escuchaban atentamente y anotaban en sus cuadernos cada pequeña imprecisión, la cara del músico esgrimía una mueca de angustia, y yo esperaba mi turno como el condenado espera el momento de su dramático final.

Me lo había repetido a mi mismo una y otra vez: “sal y disfruta, sal y diviértete, siente la música y no te preocupes de nada más”. Subí al escenario y no fui capaz. Sonaron notas si, posiblemente hasta música, en realidad desconozco si los primeros acordes fueron bien recibidos por el jurado o no, pero mi tensión interna me obligó a parar, pedir perdón y abandonar la sala.

Sal y disfruta, es lo único que tienes que hacer. Sigue siendo mi gran asignatura pendiente.

Anarquía relacional

Una relación con cualquier persona puede ser intensa, sean cuales sean los compromisos adquiridos con esa persona y sea cual sea la duración de dicha relación. No obstante solemos hacer una jerarquía relacional, de mayor a menor importancia, parecida a: hijos, familia bien avenida, pareja, buenos amigos, amigos, familia mal avenida, colegas y desconocidos.

¿Por qué ordenarlas en una escala de importancia, si a veces un encuentro fortuito con un desconocido puede generar cambios de relevancia en nuestras vidas equiparables a los que puede provocar cualquier persona con otro “rango relacional”? ¿No limita esta categorización las posibilidades de un vínculo particular?

Es por eso que soy partidario de la anarquía relacional, creo que para vivir intensamente las relaciones no nos es favorable pensar en que esas relaciones tienen límites por definición.

El conflicto cultural surge cuando tienes más relación con un amigo que con un familiar directo y pasas más tiempo con él que con, por ejemplo, tu madre a la que apenas visitas. O cuando planteas la posibilidad de tener varias relaciones “sexo-afectivas”, se te reprochará que no valoras suficiente a tu pareja, o que no la amas suficiente, pero… ¿a caso nadie se ha dado cuenta de que tenemos muchas dificultades asociadas a la obligación cultural de vivir años y años con la misma pareja sexual?

Por qué no evolucionar hacia relaciones más libres y abiertas, en el sentido de “con posibilidades no predefinidas” y disfrutar de cada una de ellas, transmitiendo con sinceridad a la otra persona a qué (y a qué no) nos comprometemos en cada momento evolutivo de la relación.

Seguramente la dificultad esté en lograr ser felices sin la necesidad egoísta del “yo soy el más importante para ti, ¿verdad? dímelo que necesito oírlo”.

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